A esta proporción se le fue encontrando una explicación desde el punto de vista de las diferentes disciplinas.
Pitágoras al crear la escala musical tuvo en cuenta la proporción áurea y por ello los sonidos y la música influyen en los hombres y son terapéuticos.
El sonido forma parte de nuestras vidas, vivimos en un mundo de sonidos y las vibraciones que los producen representan una energía.
El sonido que emana de los Cuencos Tibetanos está totalmente de acuerdo con la proporción áurea pues se encuentran afinados según la escala Pitagórica y sirven para equilibrar los planos físico, mental y emocional.
Son puros e intensos y llevan a un estado de profunda relajación.
Además de la terapia llamada Baño Sonoro (escuchar el sonido de los cuencos) existe otra terapia con cuencos que se denomina Masaje Sonoro o Vibracional, es una técnica que actúa en todos los planos y consigue una armonización natural.
El masaje sonoro se realiza haciendo sonar el cuenco muy cerca del cuerpo o apoyándolo sobre éste permitiendo que llegue tanto el sonido como la vibración.
Este tipo de terapias con cuencos ayudan a tener una relajación profunda, alivian el estrés y también la ansiedad, mejorando la concentración y la creatividad.
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